verso

"El mundo no cierra todavía" (Jorge Tamargo)

martes, 16 de junio de 2015

Parlante ojiva






Hace unos meses escribí un poema para celebrar el setenta y cinco cumpleaños de mi amigo, el gran poeta José Kozer. A esta celebración se sumó rápidamente el diseñador, editor y también amigo Francisco dos Santos. Francisco creó unos dibujos alrededor de mi poema, y con ellos diseñó una exquisita plaquette que pronto será editada en papel por Lumme Editor.

Porque sé que esta alegría que nos regalamos el homenajeado, Francisco y yo será compartida por otros buenos amigos que me leen en este formato; porque quiero que disfruten desde ya el trabajo de diseño que triangula mi gesto laudatorio; pero, sobre todo, porque espero que el poema y los comentarios sobre las obras de José y Francisco ayuden a resaltar ante un público afín y entendido su enorme valor, me atrevo a publicarlos aquí con antelación a su salida en papel bajo el cuidado de Lumme. Me atrevo, además, a compartir algunas apreciaciones no escritas en origen para ser publicadas. Tengo el permiso de poeta y editor.



Parlante ojiva



Para José Kozer,
celebrando su setenta y cinco aniversario



El castellano, ahorcajado sobre sus orillas,
(muslamen atlántico, pubis mediterráneo,
huevada rodia y nalgas asirias)
escucha una rara canción sefardí, caderea.
Mulato. Romance y semita. Se mece.
Se abunda. Suda… Lava
su entrepierna con la suprema ola;
la del salitre onfálico,
cuya memoria, unánime, le trae
la sustancia-una con muy diferentes formas:  
del norte, el mendrugo de centeno,
del este, el idolillo de jaspe,
del oeste, la balsa de totora,
del sur, el cuero cabrío, terso
y afinado, perfecto colmo
en el sobado yembe.

Todo quiere.    
Se incorpora.
Y en un arranque de inclusiva derechura,
arquea sobre sus impostas.
No en curva suave y unívoca. No
en medio punto académico. Ojiva:
vertical intersección de impulsos
en el arco. En la bala,
tendido apetito, impacto seguro,
fértil huraco en esa cinta de tul
que tibiamente remeda
al horizonte.


Comentarios hechos a los dibujos de Francisco:


Querido, amigo, créeme, me sorprendes mucho. Primero, por la rapidez. Segundo, por la gran capacidad que tienes para la abstracción, para introducir en ella altas dosis de poesía. Toda abstracción es un acto de deslinde, una suerte de viaje a la esencia de la cosa que se quiere conocer a fondo, no en su expresión fenoménica, sino en su esencia última y genitora: desencadenante. Lo que has diseñado para el poema es, sencillamente, muy bueno. Fíjate que en primer lugar no digo muy bonito (aunque también lo es) sino muy bueno.

“Parlante ojiva” es un poema que maneja el tiempo (todo poema lo hace) pautándolo, modulándolo con un tempo muy específico, que acepta la música rápida y vivaz (compleja, por qué no decirlo) presente en la poesía del homenajeado. También atraviesa un tiempo prehistórico e histórico (por tierra, mar o aire) perteneciente a muy distintas culturas, haciendo pequeños guiños a las diversas fuentes que surten lo kozeriano. Pero este poema pretende ser, además, muy espacial. La poesía de JK es esencialmente ecuménica. Todo eso de su supuesta cubanía es para mí secundario, casi inoportuno. Se trata de un poeta universal que trabaja con un tiempo vastísimo en un espacio inabarcable con herramientas comunes. Pues bien, desde un inicio, el poema va tratando de determinar ese espacio en sus dimensiones físicas y metafísicas, discursivas y simbólicas: Atlántico, Mediterráneo, Asiria, Sefarad… Norte, este (oriente), oeste (occidente), sur… Ola (horizontal), derechura (vertical) ónfalo (centro), arco, imposta, intersección, ojiva, horizonte… Todos son elementos determinantes del espacio.

Porque la poesía de JK se mueve en un ámbito espaciotemporal muy avaro. Aquí se puede repetir bien aquello que dijo Sartre en un arranque de lucidez: “un escritor sólo tiene un tema: el mundo”, para después parafrasearlo así: un poeta sólo tiene un tema: el universo. Porque el mundo, según Ortega, “es lo que queda del universo cuando le hemos extirpado todo lo fundamental”, y en la poesía de JK nada se extirpa, todo lo contrario.

Digo esto, para terminar diciendo que tu diseño es tremendamente espacial. Y en esto es acertadísimo. Una sabia abstracción de motivos que tejen una red espaciotemporal para pautar el caos, abarcador y totalitario, ecuménico y avaro. Pero como hiciera Calder, (estos dibujos recuerdan a sus esculturas) en esa red nada es inamovible, porque la perfecta síntesis entre espacio (tesis) y tiempo (antítesis) es precisamente el movimiento.

Entonces tus dibujos asumen toda la diversidad que yo pretendí recoger en el poema, y la decantan en una forma que, inteligentemente abstracta, nos pone ante su esencia sin restar un ápice a su lógica última: Todo orden es un intento de formalizar el caos, sometiéndolo a una horma espaciotemporal que fija ante nosotros siempre de manera provisional, porque siempre, siempre se mueve.

Tus dibujos son perfectos, precisos y preciosos: muy  kozerianos.





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