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"El mundo no cierra todavía" (Jorge Tamargo)

jueves, 9 de julio de 2015

Somos el recuerdo de una imagen






Hace unos días, un lector, recién llegado a mi cuaderno digital, me preguntó por su nombre. Lo hizo porque dudaba sobre el concepto de “imagen” que en él introduzco. Otras veces me ha pasado. Me pasó, por ejemplo, con mi amigo G., ya difunto, con quien conversé mucho sobre esto, y cuyo nombre íntegro de momento no expongo por discreción y respeto. Entonces pensé que si publicaba parte de mi intercambio de correos con G. podía homenajear (aunque sea íntimamente) su memoria, y, a la vez, ofrecer algunas explicaciones a mi nuevo lector sin tener que remitirlo a textos anteriores.

(G. era un hombre bondadoso e inteligente, muy interesado en temas de filosofía, psicología y teología, con quien entré en contacto gracias a mi querida Thais Pujol.)

Ojalá con esta serie de notas logre aclarar siquiera un poco lo que entiendo por “imagen”. Me disculpo por adelantado si sucede lo contrario. Las trascribo sin retoques sustanciales, como las compartí en su día con mi amigo G., con quien no estuve plenamente de acuerdo en varias ocasiones, sin que ello mermara mi aprecio y mi respeto hacia él. Seguramente detectarán lo mal que me muevo entre ciertos asuntos escabrosos, pero no me importa exponer tales carencias, si con eso logro que algunos de mis lectores se estimulen hacía la indagación en ellos, y terminen por entenderme (aunque tal vez para aborrecerme) más y mejor. Y no porque me entiendan a mí, claro está, mucho menos porque convengan conmigo en estas cosas, sino porque acercándose a ellas aumentarán la distancia existente entre los seres humanos que son y las máquinas que se proyectan para suplantarlos.

Aunque seleccioné las notas con cuidado, nunca hice en este espacio un ejercicio de "destape" como éste, que implica la publicación de correos concebidos en origen para un ámbito privado muy concreto. Espero que sepan perdonarme lo que requiera perdón, y puedan deslindar entre lo meramente personal y aquello que ofrezca recorrido bastante para trascenderlo con utilidad.


I


Querido G., cuando Protágoras, hace dos mil quinientos años, dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas” nos hizo la putada más grande que se nos podía hacer. Para mí es una de las sentencias más sabias y demoledoras que ha parido el hombre. Pero ¿cómo se avanza a partir de ella? Entonces ya sabíamos que nos teníamos sólo a nosotros mismos. Todo (o casi todo) el pensamiento posterior ha sido una operación de trasfondo ético dirigida a destruir aquella idea. Porque entonces entendimos, y todavía lo hacemos en gran medida, que con semejante relativismo no podíamos sostener la vida en la polis. Hubo que poner pensamiento absoluto donde lo había relativo, y pensamiento racional donde lo había mitológico. Hubo que hacerlo para que la vida en sociedad fuera viable. La realidad, la verdad, y todas esas categorías se caen solas ante la máxima de Protágoras. Lo debieron saber Sócrates (vaya sofista), Platón (a su pesar, un poeta), Aristóteles (un genial y eterno adolescente), y todos los demás que les siguieron; pero si el hombre quería “progresar”, debía buscar solución al abismo que tenía ante sí. Ya se estaba cocinando en Oriente esa solución. Zoroastro (el mazdeísmo), el judaísmo, en fin, el monoteísmo traía el apaño, y Alejandro abrió la redoma para que el mundo de entonces se globalizara. Occidente cedió sus abismales descubrimientos y sus infantiles maneras, y Oriente puso a un Dios iranio de moral irreprochable donde reinó el dorio Zeus con los más humanos vicios. Si se sabe todo esto, se está en peligro. No hay nada más peligroso que el saber. Pero si además se entiende que el hombre es hombre merced a su capacidad para generar imagen, que incluso conoce a través de esta capacidad, la cosa cambia. Es la imagen lo que nos salva. Siempre lo hizo. Pero esto es muy largo de tratar en profundidad por esta vía. Yo, claro, por desgracia soy relativista y ateo. Sin embargo, necesito a los dioses como el comer, porque en ellos está condensada nuestra más fina y alta capacidad para la imagen. Ah, dioses míos: “el mundo es mi representación”, a ustedes la confío. No está mal esta frase que se me acaba de ocurrir (a partir de la idea de Schopenhauer) para escribir algo al respecto. No descarto hacerlo. A ver cuándo podemos quedar para hablar un rato. Abrazos.


II


Hola, amigo mío. Espero tus cuentos. Gracias. Bueno, todos tenemos que "montarnos una película" para poder vivir. Hay que creer en algo. Yo lo hago en el potencial de la imagen. El cerebro, en sí mismo, no es santo de mi devoción. Estoy muy lejos del positivismo científico que tanto se fija en él. Esto hace mucha falta en el plano médico, pero en otros planos... Hablamos de un soporte biológico, poco más. A través de su análisis nunca podremos conocernos del todo, afortunadamente. Lo peligroso es que mucho antes de acercarnos a la fantasmagórica meta, y dada la enorme frustración implícita en su estudio, combinada con la infantilidad que padecemos, habremos tomado el desgraciado desvío hacia la inteligencia artificial. Lo inteligente y artificioso llevado a mínimos, eso sí podríamos controlarlo reducidos ya a lo infrahumano. Entonces... No sé si conoces a Gottfried Benn. Es un grandísimo poeta un tanto proscrito porque, desgraciadamente, tuvo su época de coqueteo con los nazis. Luego rectificó, pero... En fin, una de las mejores voces del siglo XX, sin dudas. Este hombre dijo: "El cerebro es un camino equivocado". La frase de Krishnamurti que refieres es un refrito cientificista del acusmata pitagórico "Conócete a ti mismo", convertido en aforismo y adjudicado después a mucha gente, entre ellas a Heráclito. Pitágoras había aprendido esto de los egipcios, y aquéllos de... El conocimiento, amigo, tiene contadas fuentes. Los comentaristas apenas pueden salirse de ellas sin desbarrar. El hombre no ha inventado casi nada totalmente nuevo y realmente poderoso en el plano metafísico en los últimos dos mil quinientos años. Estamos muy liados con la física, pera ir con verdaderas ganas más allá de ella. Yo, con Ortega pienso que la ciencia experimental en cópula frenética con la economía de mercado nos está devastando... El cerebro, como lo estudia la neurolingüística y la neurología, no me pone. Lo que no es cerebro, pero en él se gesta y potencia, eso somos. El cerebro es naturaleza, el hombre-hombre es sobrenaturaleza. El cerebro humano evolucionó para crear algo que jamás podrá comprender ni abarcar. Esa demasía inabarcable: la imagen, es la clave, al menos para mí. Voy a escribir algo con relación al ateísmo a partir del comentario anterior que me hiciste. El fin de semana lo publico. Abrazos.

 

III


Hola, G. Ya me las vi con tus dragones. No los leí como cuentos, sino como textos didácticos con ascendente oriental. Temas muy interesantes. Gracias. "Fobia a la inseguridad y miedo al dolor". Me interesan ambos. Manejas dos categorías de manera que no me quedan muy claras en todos los casos: sabiduría y conocimiento. Cuando "caes" a su vertiente científica, me atraen menos. Sofía y gnosis son cosas bien distintas, que poco o nada tienen que ver en origen con la ciencia, algo de mucho menos pedigrí y amplitud. Mi abrazo.


IV


G., leídos... Las mismas sensaciones. Totalmente de acuerdo contigo en la valoración del Amor, pero por razones distintas. Buen colmo a los cuatro textos. Hablamos... En el último de ellos se esencian los análisis y aparecen más claras, si cabe, sus fuentes. Mis objeciones primeras:

No creo que haya mente o cerebro capaz de mirar la realidad (¿qué es, además, la realidad?) sin falsearla, sesgarla o enmascararla. Eso hacen lo lobos, que no pueden sobrepasar el conocimiento que se les da por vía sensorial. El hombre resulta hombre, justo, por hacer lo contrario. La realidad y la verdad son convenciones tan mobiles como la donna de Verdi. ¿Qué es una mente libre? Parafraseando a Seferis, te pregunto: ¿Qué es la realidad, qué no lo es, qué hay entre lo uno y lo otro?

                                            Es un perfecto loco quien ve falto de locura (Ausias March)

                                            Sólo en la ilusión de libertad, la libertad existe. (Pessoa)

Por otro lado, la mente humana no puede mirar al margen de la memoria. Eso nos devolvería a lo bestial. Ni siquiera en un mundo híbrido (homo-maquinal) se puede prever ese escenario. El hombre, si es algo, es memoria. “Percibir acaba siendo sólo una ocasión de recordar”. (Bergson) ¿Una ocasión de imaginar? La memoria es un imaginario selectivo… Cuidado con la soledad, amigo. Está bien, con sus matices, claro. “El hombre sólo es hombre entre los hombres”. (Octavio Paz)

Está bien, G., todo eso que propones, siempre que lo veamos como un juego, y no pretendamos pontificar en dirección a la "verdad y la realidad". Hay que dotar de sentido al sinsentido, mas lo importante es jugar, si ello ayuda a vivir. Importa el camino, tercamente desdibujado... y su búsqueda: ¿Qué camino tomará el camino? (Ortega) “... y mientras busca se busca, y al par enciende y arde”. (Ovidio)

Encender y arder. No hay otra. Y hacerlo lo más humanamente posible. ¿Se puede de otra manera? Abrazos.


V


G., amigo, no te preocupe corregirme. En lo absoluto me molesta... ¿"En un encuentro personal"?. Sí, sólo en ese terreno nada objetivo, se puede hablar de verdad y realidad. A mí no me divierte hacerlo, pero si acotado de esa manera, no lo hallo pernicioso. Si la verdad y la realidad ocurren en un terreno personal, entonces la mente que no las falsee tiene que actuar necesariamente en el mismo terreno. En ese plano, completamente subjetivo, esto es sano, como también lo distinto y lo contrario. Si se trata de caminos personales, todo vale, siempre que no limite a otros caminos del mismo tipo. "Un arduo camino existencial" (en mi opinión, siempre recomendable) nos lleva a representarnos el mundo de una manera subjetiva, que a priori es válida, sólo, para el caminante. Si es así, de nuevo de acuerdo. Como ya te dije, se trata de "montarse una película" para dotar de sentido al sinsentido. Si esto se contiene en el terreno personal, me parece perfecto. Me interesan y gustan desde el buen retórico, hasta el místico o el hermético santón, si actúan con buena fe, y se mueven en el terreno de la imagen sin pretender obligar en su dirección a nadie más.

Sé que tú sólo pretendes compartir las cosas buenas que has creído encontrar, o sea, que has encontrado. Esto me parece loable, muy loable. Nada que objetar. Pero todos somos deudores de nuestra experiencia vital (existencial, si quieres) y de nuestras lecturas, que forman parte importante de ellas. En mi caso, tal experiencia (lecturas incluidas, claro) lejos de cerrarme, me abren. Me cierran a determinadas cosas que considero señuelos sin mucho peso, pero me abren a muchas otras que conforman un horizonte de infinita extensión. Tal "res extensa" es totalmente incompatible con el hallazgo definitivo, determinado y finito. Para mí, ahora mismo, lo que más se acerca a eso que llamas "hallazgo posible" es el descubrimiento de la primacía que tiene la imagen en la esencia de lo humano. Pero ni siquiera en ello veo un remedio universal, o un “sendero” válido para todos. Yo trabajo porque el hombre retenga humanidad frente a los infantiles ataques de cientificismo que lo están llevando a su propia negación. En este afán, la imagen en todas sus formas es mi principal aliada: ¿Dios? Perfecto. ¿Dioses? Bienvenidos sean. ¿Santones? Vale. ¿Iluminados? De acuerdo. Todo lo que demuestre que el hombre no cabe en su bestia, me vale, siempre que no tenga pretensiones más allá de lo personal. Me vale todo como aliado, pero no todo me convence en profundidad. El pensamiento tiene niveles de gravedad e intensidad. Estoy acostumbrado a hurgar en el más grave e intenso, aunque tampoco lo considero suficiente si no tamizado seriamente por la imagen. El pensamiento de baja intensidad no me divierte... Ahora bien, si eso que debemos hallar es el Amor (racionalizado), bienvenida la búsqueda. El Amor es para mí la imagen primaria por excelencia. Racionalizarlo es innecesario e imposible, pero cómo entretiene y humaniza tal esfuerzo. He escrito libros enteros en este sentido. El último de ellos se llama "Los nombres del amor". Es una especie de tratado ontológico sobre el amor, pero fíjate cómo termina:


                                                      Los nombres del amor


                                                                                              ¿Quién vendrá de lo alto
                                                                                              con fragmentos de viento
                                                                                              a darte nombres?
                                                                                                                 J. A. Valente


                                                        Dije, entre otros muchos nombres:
                                                        neuma/ oscuridad/ motor/ alteridad/ convenio/
                                                        temeridad/ dolor/ redondez/ codicia/ fidelidad/
                                                        dependencia/ reposo/ fatalidad/ grieta/ narcisismo/
                                                        arraigo/ epifanía/ inocencia/ camuflaje/ miedo/
                                                        erotismo/ aislamiento/ dominio/ ilusión...

                                                        Muchas veces intenté alcanzarlo, siquiera rozarlo.
                                                        No con su nombre más abstracto, ése, sonoro,
                                                        que a falta de otras dimensiones
                                                        arracima como puede en el turbión emocional de quienes aman;
                                                        sino con esos otros, hijos mimados de la imagen,
                                                        que bajo su silente y sugestiva saya
                                                        tan bien se nos esconden.

                                                        Los busqué en tantas voces...
                                                        Los invoqué de tantas y distintas formas...
                                                        Acaso los dije sin poder con ello
                                                        ni atisbar su karma.

                                                        Este libro exhibe mi halagüeño fiasco:

                                                        Relincha lo inefable en su asteroide.
                                                        No tintan a la luz los nombres del amor.
                                                        Todavía quedan nombres que buscar
                                                                                                                                      entre las sombras.

                                                        Todavía quedan sombras en el reino de
                                                                                                                                      los nombres.

Decía fray Luis de León: “...no es posible que llegue la palabra adonde el entendimiento no llega.” El Amor no se puede racionalizar, ni siquiera nombrar con precisión. Es la prima imagen, el poema perfecto. Donde dice Dios, debía decir Amor. ¿Buscarlo? Está bien. ¿Qué podemos objetar? Buscar el Amor es intentar cada día ser más hombre; es buscar luz imaginaria en la oscuridad más rotunda. (“Ay oscuridad, mi luz”, decía Lezama) Eso siempre es positivo y edificante… Pero no hay un solo camino para hacerlo. Hay muchos, por suerte. Todos comienzan y acaban en la imagen. El Amor es verdad… poética, como toda la verdad que importa.


                                                        “… y el Amor estuvo en medio del
                                                        remolino, todas las cosas convinieron en la
                                                        unidad bajo su acción.”
                                                                                                     Empédocles

Mañana publicaré una pequeña nota sobre el ateísmo. Abrazos.


VI


Sí, G., este texto ya lo había leído en tu blog. Como podrás imaginar, mi relativismo me aleja de tu posición. La verdad, para mí, es una imagen convenida por conveniente. La única verdad que doy por buena es la poética, y siempre es resultado de una operación cognitiva limitada y "resuelta" en la imagen, pero con un sentido práctico indudable. Pocos lo han sabido decir como Tagore: "El río de la verdad va por cauces de mentiras". Claro, “la verdad no está en las palabras”. No está. No es. No existe. Es una invención más del hombre. Por eso tiene un pedigrí tan dudoso y un talante tan pizpireto. Pero nos hace falta. Es una necesidad ética. Y seguiremos tras ella por esos cauces de mentiras. La verdad no cabe en las palabras, claro, porque la imagen no cabe en ellas, mucho menos si es primaria. El amor, la verdad, la belleza, la bondad... son imágenes primarias, arquetípicas, muy útiles. Entonces, para mí, la verdad es una mentira más que, por oportuna, se ha hecho imprescindible para un grupo determinado en un momento determinado. Así se ha pactado por ese grupo, y vale para ellos en tanto no pacten cosa distinta o contraria. Amén. (Provisional también, claro). Abrazos.


VII


G., amigo, esto que dices me parece perfecto. Lo apruebo. No creas que fijo posición más que relativamente. Como mucho, podría decir con Comte, aunque no me guste: "Todo es relativo, he aquí el único principio absoluto". Desde este ángulo, comprenderás que no es fácil fijar posición. Por eso, en el final de mi anterior mensaje te pongo: "Entonces para mí, la verdad es una mentira más que, por necesaria, se ha hecho imprescindible para un grupo determinado en un momento determinado. Así se ha pactado por ese grupo, y vale para ellos en tanto no pacten cosa distinta o contraria. Amén. (Provisional también, claro)" Ahora bien, en ese proceso abierto que sigues, colmado de positivismo, das por cierta la existencia de la realidad y la verdad. Aquí pareces haber ya descubierto algo. En ese descubrimiento no puedo acompañarte en plenitud, aunque me apeteciera hacerlo. Pero lo hago oblicuamente. Me real-izo en la verdad poética... y voy dando fe de la aventura, incubando y testando memoria, que no es poco. Abrazos.


VIII


Muy bien, G. En los predios de la mística (todo imagen ellos) los estados de ataraxia o de nirvana son perfectamente concebibles. El "no se qué" de san Juan, que coquetea con el Todo y la Nada al mismo tiempo, es un parabán perfecto para dimensionar ad infinitum la (i)realidad que se considera habitable. La mística es territorio excelso de la imagen, de la poesía. Pero claro, se trata de un camino muy personal, tal vez el más personal de todos. Cuando san Juan explicaba a sus monjitas lo que escribía, cuando ponía el corsé didáctico y dogmático a sus imágenes, las reducía penosamente, aunque para algunas mentes incapaces de captar y asimilar imagen, tales explicaciones sean la única vía de acceder al santo. Entonces, si tu camino es místico (paréntesis, porque no es Dios la cara fuente de tu luz), tal vez debía quedar más explícito en tus textos. La mística y la ciencia (neurolingüística, neurología, etc) no se llevan nada bien. Asumiendo que me permites un consejo, y que me perdonas lo pedante de creerme capacitado para dártelo, te digo: ten en consideración que la mística abre lo que su racionalización cierra. La mística, por definición, es incompatible con la ciencia. Efectivamente se produce: "toda ciencia trascendiendo", muy lejos, pero muy lejos del "erróneo camino del cerebro". Abrazos.


IX


No te encasillo, G. Al menos no pretendo hacerlo, créeme. Lo que sucede es que para mí cada palabra tiene un peso (sema y fonema) y un sobrepeso (imagen pura). Entonces, cuando leo algo, no puedo dejar de pesar en ambos sentidos. Es un defecto, ya lo sé, pero es así. Perdóname, no lo puedo evitar... O sí, pero lo evito cuando no me interesa el interlocutor, y no es tu caso. Tu discurso, sobre todo cuando cae a la ciencia y a lo oriental, tiene unas fuentes que conozco (o creo conocer, aunque no en detalles, sí) en lo esencial. Realmente estimo que estos "pensadores", que van, salvando las distancias, desde Krishnamurti, a De Bono, pasando por Maharshi, Tolle, etc; en fin, quienes en el fondo sustentan desde la programación neurolingüística y el pensamiento emocional, hasta el pensamiento eficaz de cara a la empresa pura y dura, son, en mi modesta opinión, ideólogos de quinta fila que, sobre todo con la intención de vender, mezclan pensamiento occidental con oriental, ciencia con iluminación, imagen con razón, o sea, todo, sin saber en muchos casos si matan o espantan. Yo ahora mismo estoy releyendo a Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein y Ortega, con vistas a un trabajo que tengo que presentar en septiembre en la Universidad de Granada. Claro, cuando te hundes en el pensamiento de primera línea, estés o no de acuerdo con el pensador en cuestión, te haces muy exigente. 

Pero yo sé, o creo saber, lo que tú pretendes, y en eso tienes toda mi complicidad y admiración. Sólo pienso, y así lo digo a todos los que se mueven desde el cientificismo al chamanismo buscando salidas en las fronteras o las antípodas del pensamiento occidental, que todo lo que necesitamos está en nosotros. Y que ese nosotros ya tiene incorporado su buena porción de Oriente, porque, sobre todo después de Alejandro, no existe Occidente en puridad. De Oriente nos vinieron prácticamente dados, incluso, Yahveh y Jesús (¿quieres algo más oriental?) cuando generamos la necesidad de un dios-Uno. Todos o casi todos nuestros grandes pensadores llevan en sí su porción de Oriente por una u otra vía. Desde Pitágoras a la actualidad esto es un hecho. Nosotros, antes de ser racionalistas fuimos chamanes, experimentamos lo mitológico, lo numinoso, fuimos (y somos) idealistas... Pero también participamos, y de qué manera, el monoteísmo oriental con todo lo que ello implica. Todo lo tenemos ahí, en nosotros mismos, a la mano. Cuesta, porque el pensamiento hondo es muy árido. En un mundo como el actual, el "pensamiento duro" es, como la buena poesía, una molestia, casi una excrescencia del espíritu. ¿Espíritu? ¿Qué espíritu? Sus carencias son aprovechadas por comentaristas de bajo nivel para hacer el agosto y vender libros de seudopensamiento como best sellers. No digo que no tengan ningún interés estos autores y sus libros, no. Todo en potencia lo tiene. Pero su interés decae si conoces bien las verdaderas fuentes. Por eso me alegra cuando te veo girar a Occidente y tirar de san Juan, por ejemplo. 

Te equivocas, al menos para mí, no hay nada malo en la mística. Es mucho más "lícito" este camino, que, por ejemplo, el marcado por gente iluminada como David Wilcock, que se planta frente a miles de alelados incultos con su cantinela ecléctica, mezclando teorías heracliteanas u órficas con otras de Descartes, como si nada. Me quedo con san Juan, claro... mil veces. Por otro lado, no creas que soy un hombre tan culto. Esto de la cultura es como todo, depende de con quién compares a quien parece tenerla. Si me comparas con Wilcock, creo que puedo serlo, si lo haces con Reyes, Borges o Lezama, soy muy inculto. En cualquier caso, considérame tu amigo y discúlpame si crees que te encasillo, porque no lo hago para nada con intención. Es más, creo que no lo hago. Abrazos.


X


Ay, amigo, la cultura, el pensamiento, las ideologías, el éxito material, profesional o económico... y también los afanes de vida y felicidad... Todas son estrategias para llenar ese vacío existencial tan tercamente prendido a la consciencia. Yo, como tú, creo por encima de todo en la fuerza del Amor, sólo que lo entiendo como una imagen primaria, tan real como eso. "Nada es más real que la imaginación", decía Lezama. La felicidad... bueno, coincido con Erasmus y Ortega: "es estar fuera de sí"; y también con Robert de Montesquiou: "no es otra cosa que esperarla". Así que soy feliz cuando espero salir de mí, imaginando... Sólo que, como para mí la imaginación es algo consustancial al hombre, soy casi siempre infelizmente feliz. Algo que se espera, nunca se alcanza, pero si justo en ese esperarlo y no alcanzarlo está lo buscado... Cuentan que Rimbaud, a quien un amigo le dijo: "soy muy feliz", le contestó preguntando: "¿Y cómo has podido caer tan bajo?" Río... Si el pobre hombre le hubiera dicho: "soy infelizmente feliz" Rimbaud, que tal vez se consideraba entonces felizmente infeliz, hubiera tenido que detenerse y considerarlo... En fin, ni Freud ni Jung fueron científicos. Lo pretendieron en vano. El psicoanálisis tiene de científico lo que yo de piloto de aviación. A mí Freud no me divierte tanto, pero Jung sí. Al final todo lo resuelve con la sombra y la fantasía creadora. ¿Y cómo no...? Terminas diciendo que el Amor es un misterio. El término misterio suele ser un cajón de sastre que utiliza el hombre cuando abocado a los límites de la razón, no puede resolver, se paraliza si no tira de la imagen. Pero sí, el Amor es un misterio porque es una imagen, es la Imagen. Ya no es un misterio ni siquiera la cara oculta de la luna, y el Amor lo sigue siendo. Es una gran imagen que jamás caerá al concepto aprensible, porque es primaria, irreducible. Por eso no se puede siquiera nombrar en condiciones, y hay que irlo apodando y apodando sin éxito. Pero acepto la palabra Amor, para entendernos, y la tengo tan valorada como tú. Abrazos.


XI


Bueno, G., para mí la imagen pudiera ser algo tan sencillo como el resultado de la capacidad de imaginar. Simplemente lo que nos hace hombres. En especial la capacidad de "inventar" realidades "habitables" que no llegan por vía sensorial, para oponer a las hurañas realidades que nos llegan por esa vía. Claro, si todo fuera tan sencillo... No, no lo es. Mi modesta "investigación" al respecto, que sobre todo se recoge en mi poesía, me ha llevado a creer que dependemos tanto de la imagen, que incluso conocemos a través de ella. Y esto complica mucho las cosas. Aunque mi concepción de la imagen tiene base poética, se contamina necesariamente con el pensamiento puro y duro, y entonces entran ahí la gnoseología, la ontología, la metafísica, la psicología... En fin, complejo. Yo creo que nos hicimos hombres justo gracias a la imagen, al resultado de esa capacidad para no aceptar medir el mundo (ni medirnos en él) sólo a través de los sentidos. Claro que la imagen es una representación mental, pero no sólo de la realidad sensorial, sino también (y especialmente) de la suprasensorial. Ahí es donde la cosa se pone interesante. Creo que nos separamos y distinguimos de la bestia cuando no nos bastó lo que rastreábamos, olfateábamos, palpábamos, escuchábamos y veíamos para comprender el mundo y relacionarnos con él; cuando, para redimensionar esa relación, creamos imágenes que no cabían en aquellos límites ni provenían de sus predios. Pienso que esa capacidad y sus resultados son nuestras señas de identidad como especie. En esto soy integrista, porque no creo que tal capacidad tenga su base siempre y necesariamente en la experiencia previa. Pudimos imaginar cosas al margen de (incluso antes de) experimentar sus posibles referencias por vía sensorial. Todo esto es complejo. A mí no me hace falta para nada avanzar más por caminos reductores, porque sé que si lograra definir a la perfección algo así, perdería gran parte de su fuerza (como dices tú: de su misterio), pero sí que lo he intentado para complacer a mi hijo mayor que se interesa también por todas estas cosas. Claro, por suerte no he podido, pero te paso la última intentona:

Imagen:

Resultado significante de un proceso cognoscitivo que puede tener dominante mágica, onírica, artística, experimental o racional. Representación mental de una parte de la realidad, sea ésta sensible o suprasensible. No necesariamente figurada, ni siquiera siempre inteligible. Dios, por ejemplo, es la imagen por excelencia.

Insisto, no vale de mucho intentar reducir a concepto una cosa como ésta. Y pudiéramos estar hablando de ello durante varias vidas. Pero para qué, si un solo verso, una sola frase de alguien brillante, te puede “aclarar” mucho las cosas, dejándolas para siempre en su fértil oscuridad. Mira, mis bases con relación a esto tienen fuentes que van desde el pensamiento presocrático a Lezama, pasando por unos cuantos pensadores y poetas que considero esenciales. La lista sería muy extensa. Pero te voy a escribir unas citas del gran poeta habanero, que, desde un rarísimo humanismo cristiano con base órfica, ya recogen muy bien antecedentes claros como Pitágoras, los órficos, Heráclito, Empédocles, los místicos españoles, Vico, Bergson, Baudelaire, Mallarmé, entre otros muchos "descarriados"...


                                                       Nada es más real que la imaginación.

                                                       La imagen es la causa secreta de la historia.

                                                       La hipótesis de la imagen es la posibilidad.

                                                       Lo imposible al actuar sobre lo posible engendra un posible en 
                                                       la infinidad. Ya la imagen ha causado una causalidad...

                                                       Ahora, ya sabemos que la única certeza se engendra en lo
                                                       que nos rebasa.

                                                       Lo imposible moviéndose en la infinitud engendra un potens que es
                                                       la imagen posible.

                                                       Cualquier participación en lo imposible convierte al hombre en un
                                                       ser imposible, pero táctil en esa dimensión.

                                                       La penetración de la imagen en la naturaleza engendra la 
                                                       sobrenaturaleza.

                                                       En esa conciencia de ser imagen, habitada de una esencia y una 
                                                       universal, surge el ser.

                                                       Somos el recuerdo de una imagen.

                                                       Todo lo que se puede imaginar gravita.

                                                       Si me descifras en el río, te muerdo en la serpiente.

Créeme, G., te ofrezco doce, pero te podría ofrecer cien más. Es en la poesía donde todo esto alcanza su real fuerza. Es en la poesía, esa sobrenaturaleza, o sea, esa naturaleza penetrada por la imagen, donde es y existe el hombre como tal. Puede habitar otros ámbitos, pero como un pobre animal. ¿Pudieras, por favor, enviarme algunas muestras esenciales del pensamiento de Krishnamurti que no se puedan encontrar en mejor estado en otros sitios, y que me animen a entrar a fondo en su obra? Abrazos.


XII


Investigo, amigo, investigo... ¿"Fuera del devenir"? ¿"Sin siquiera desear"? Bueno, es ése un "campo existencial" ahora mismo no humano. El hombre trascendente, divino, histórico, no puede evitar el devenir. Sólo el hombre inmanente, titánico, ahistórico, pudo y puede hacerlo. Lo que es y no deviene (si hay algo que cumpla esto: Dios, la Nada, qué se yo) es lo que no somos nosotros, o sea, lo que hemos inventado, creado, imaginado para tener con qué medirnos. Cualquier cosa que sea la IDEA emanante platónica o la "cosa en sí" kantiana, sólo eso es y no deviene. Nosotros estamos en el tiempo. Puede que no sepamos bien qué es el tiempo (Decía san Agustín: "el tiempo es una extensión, ¿pero de qué?”) mas no podemos escapar a él. El devenir incluye el "Ahora". En él, como en sus distintos o contrarios (Ayer, Mañana) el hombre sólo puede meter imagen... ¿"Sin memoria ni deseo"? Fíjate, no me cuesta creer que en una operación volitiva un tanto extrema, cualquier santón pueda llegar a evitar gran parte del deseo y el temor, pero no de la memoria. La memoria es un imaginario selectivo, puede soportar operaciones de espulgo, pero ¿anularla? No digo que no pueda hacerse por momentos, pero ¿sostenidamente? La memoria es algo muy traicionero, amigo, y pertinaz... Es un veleidoso archivo de imágenes. Eso somos, y, ni siquiera el transhumanismo más severo y estúpido, puede prescindir de tal archivo en su viaje hacia la máquina artificialmente inteligente. Además, ¿"en silencio y sin memoria"? ¿Cómo se manifestarían ante ti tus hijos, después del acto mismo del nacimiento (Ahora)? ¿Olvidarías que lo son continuamente y no podrían recordártelo con palabras? Ese "Ahora" tendría que ser secuencial por fuerza, estar compuesto por muchos "ahoritas". Ah, amigo, estamos, somos, existimos en el tiempo. Las operaciones que nos sacan de él, nos sacan de nosotros mismos, por eso nos hacen pasajeramente felices. Tal misión tenía Dioniso entre los griegos, pero hasta éstos sabían que sólo el tiempo puede dar al hombre histórico algo de sí mismo para que crea que no está en él. Abrazos.


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