verso

"El mundo no cierra todavía" (Jorge Tamargo)

viernes, 2 de noviembre de 2018

ZALEMA







Amigos, debo cerrar este espacio hasta el próximo año. Como suelo hacer en estas fechas, me retiro para dedicarme a la creación literaria. Pensé hacerlo presentándoos mi último poemario editado: Cum Laude, pero su salida de imprenta se retrasa, y creo que será mejor aplazar la bienvenida hasta enero. (O no. Quién sabe si me anime a salir fugazmente de la cueva cuando lo tenga en mi poder). De momento, me despido como en años anteriores: con parte de lo escrito en el retiro pasado. Se trata del segundo acto del poema que escribí a finales de 2017. Os recuerdo que hace un tiempo escribo poemas largos (alrededor de mil versos) con un hilo narrativo. (En Cum Laude di un volantazo, pero esto… lo dicho: ¿en enero?). Puede que un trozo como el que ahora comparto con vosotros: un décimo extraído de aquel poema-matriz, os genere algún desconcierto de tipo argumental. Espero que no derive en desasosiego. Ojalá os guste. Buen final y comienzo de año.
 


Tal como
la tallaron los gorriones en la amena
verdura, la casa se deshace. El tiempo espita
tu ánimo. Agente, que no paciente en un
espacio sublime, el tiempo, nuevo clavero,
incauta misal, partitura. El violín no
sabe penetrar los lóbulos que la casa
temporal genera, ofrece. Ni luz
ni arroz alcanzan para colmarlos ya… Per-
cusión. Como batán sobre una corambre
ovina, el tiempo (re)percute en
los prístinos altares. Tus padres
no descifran los garabatos que tu cajón
retiene: Tumbo / sueños / ¿capitulaciones? Te
agazapas. En el cuarto proliferan
niveles y bambalinas: Bajo la cama,
el sótano. El desván, tras la ventana que
comunica con la copa del castaño
donde el pájaro-bala entona las
cabañuelas. Los setos, aborregados, no
pueden defender en el jardín las antiguas
posiciones. La casa inflama sus lindes,
encona su núcleo... Fuiste su eje. Finges serlo
aún, mientras te ovillas como una pupa
que preparase su albricia tras un lanoso
gabán. (―Si tengo máscara quiero
también telón, te dices). Hablas solo
y contigo: Con él: Ese otro que desconoce
la familia, que participa el teatro pero
habita el armario, su casamata. Se deja
besar por tus padres que no advierten su
fiebre. Cuarenta. Día y noche. Una
y otra vez lo echas por la puerta. Una
y otra vez filtra por la ventana… La luz
y el arroz ocluyen los capilares de las paredes,
coagulan en sus vénulas, sus cavas. La casa
envara. Sus lóbulos infartan. Sales. La per-
cusión te apremia. El violín desfallece. Sus
bemoles apuran en vano la vieja melodía. Sólo
el ritmo se acompasa con la fiebre. ¡Ritmo!
Tu padre, un poeta, el pobre. Tu madre,
su oportuna contraparte. Los amas, sí, pero
sales. Vagas. La casa allende sus muros,
mero ladrillaje, un accidente entre tu cuarto
y el patio de la escuela. (Entre el patio
de la escuela y las playas del cielo…) La casa,
entrampada en sí misma y vista desde
afuera, parece el Cónclave de la Gerusía
que explica la flor por el fertilizante
El primer paseo te galvaniza. Los imposibles
rompen contra los sueños que surte la
distancia, medida, no en metros, en ganas.
El frío muge. Pero si la compaña también
conspira, aun el páramo, el gamonal,
calientan más que la leña y el sarmiento
simplemente tramitados. Amigos. Todos
buscan la cueva de las huríes y
sin embargo persiguen al lebrato. Hura.
Terminas en casa. (―El brinco
hacia lo umbrío no resuelve la sombra, hijo,
no alivia las contracciones de su preñada
promesa). ―¿Y el ángel? ¿Qué hace?,
te preguntas. ¿Por qué me desampara?. Tu ángel
vacaciona. Se prueba las escamas regaladas
por el dragón, y deja de coquetear
con el humo. Tasa su valor a la baja. Estima
el gravamen que supondrá tu partida. Tal vez
lo intuye excesivo. Los ángeles escamados
no suelen perder el tiempo con descreídos. Y
si lo hacen, dan sus avisos con fuego:
queman… Estás solo. No. El otro dispara
desde el armario. El pájaro amenaza
con encajonarse. Los muñecos chillan.
La tropa telefonea, telefonea… Per-
cusión. La casa apenas te ofrece plata
sobredorada. ¿Buscas oro? No lo sabes.
Puede. El oro no viene dado en la luz /
el arroz / los padres / los abuelos / el violín,
que más que pautar tiempo, parece entibar
espacio. Sales. (―El brinco
hacia lo umbrío…, recuerdas, te repites).
La conspiración bulle. Amigos. Todos
de nuevo tras la cueva de las huríes, dan
sin embargo con el molino en ruinas. Ah.
Vuelves a casa. Entre jugar y Jugar
la diferencia pasma. Entre violín
y trompeta… La ruina pone rostro a la
intemperie. Te agazapas. Bojeas tu cajón. Sitias
tu armario. Bajas la persiana. ¿La ruina
no entra en clausura? Ruina. Y al otro lado
de la imagen: flor. ¿La flor se explica
por el perfume? La per-
cusión no acalla las preguntas, pero influye
las respuestas: Per-fu-me. Per-fu-me… Algo
te dice que abras la ventana. Lo haces.
En la copa del castaño, el pájaro
que canta las cabañuelas lo nota. Y lejos
de embalarse otra vez hacia tu cajón, (sólo
la gracia es irresistible) detiene su
letanía, se marca una zalema. 




2 comentarios:

  1. Espero que este alejamiento temporal le sea productivo. Quedamos a la espera.

    Felices creaciones.

    Bisous

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    Respuestas
    1. Gracias, amiga enmascarada, por los buenos deseos y la paciencia. Abrazos

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