El mundo no cierra todavía. J. Tamargo

El mundo no cierra todavía. J. Tamargo

lunes, 24 de febrero de 2020

LOS ARGUMENTOS DEL TRÁNSITO






El pasado jueves, 20 de febrero (2020.02.20, qué fecha tan… redondita ¿no?), presenté Los argumentos del tránsito en la librería Oletvm de Valladolid. Me acompañaron más de cincuenta amigos: lectores, amigo-lectores y lectores-amigo; sí, porque la lectura coparticipada (autor / lector) es una vía de amistad fortísima. Entre todos ellos, dos estuvieron especialmente cerca, especialmente implicados: César Sanz, el editor de Difácil, la editorial que apostó por el libro; y José Ramón González, quien lo presentó. A ambos reitero un singular agradecimiento.

César es el tipo de editor que mejora los libros que caen en sus manos. Los argumentos del tránsito no está impreso, que también, está editado: e-di-ta-do, quiero decir, sin que las prisas y la chapucería reinantes en el sector tuviesen la menor oportunidad de amargar el saboreado silabeo.

José Ramón es uno de los lectores más agudos que conozco. Es la segunda vez que tengo la suerte de contar con su pregón a favor de un libro mío. Suerte, digo, porque este hombre tiene una lucidez lectora encomiable, y porque sabe comunicar lo que lee con una claridad que envidiarían los más avezados controladores de vuelo; y con un hálito sugestivo a la vez, que envidiarían algunos donjuanes de la literatura. José Ramón siempre “vence” a los libros y convence a sus posibles destinatarios. Es un gran lector y un gran comunicador. No tengo sus palabras por escrito, pero sí grabadas en vídeo. Al final pondré un enlace para que podáis ver y escuchar un fragmento de su intervención si os apetece hacerlo.

Pero a ésta, mi argumentada fiesta, se ha sumado un tercero; alguien también muy especial para mí: Fernando del Val, un joven y gran poeta (gran Escritor, me corrijo, capitalizo la testa del sustantivo y redondeo por exceso sin excederme; creedme quienes no lo conozcáis todavía) que ha leído el libro con un gozo cómplice. Qué suerte voy teniendo. Que después de la lectura comentada de José Ramón, llegue alguien como Fernando y escriba lo que leeréis a continuación es… ¿demasiada ventura? Poco me importa lo que sea. Como le oí decir en una ocasión a Di Stéfano (sí-sí, Di Stéfano, ese mismo, el difunto futbolista hispano-argentino) al recibir un premio: no sé si lo merezco, pero lo trinco. Gracias, poeta. 



LOS ARGUMENTOS DEL TRÁNSITO

Por Fernando del Val


Celebrar la existencia no es conducta evasiva. Los que no sostienen la mirada a la muerte o no afrontan las penalidades de la vida no la celebran. Todos somos incompletos, pero, si acaso, ellos más: parecen incluso nacidos de una costilla. Ni los suicidas vocacionales son felices cuando afrontan el acto que los salvará de sí mismos. Dice Julian Barnes que sólo las palabras viejas sirven: muerte, congoja, tristeza, pesar, sufrimiento. “Nada modernamente evasivo o medicinal”. Pero de la oscuridad de esas palabras nace una luz de asunción que permite, constelada, sobrellevar el día a día, y celebrarlo. En un libro tan gozoso como el de Jorge Tamargo hay mucha consciencia de finitud. Sin ella, no hay celebración: hay espasmo. Los argumentos del tránsito (2020) es un libro celebratorio con el fundamento de la autoconsciencia. Y Jorge celebra la vida midiendo el verso, inserto en la tradición, sin temer el presente y, diría, sin miedo al futuro. Pocos versos hay que leer para advertir su tono dispuesto a la batalla de la vida. “Porque memorizas, piensas y temes, el viaje / no es un paseo”. Es decir, a la imaginación y a la inteligencia se superpone la memoria. Y el olvido ―sin olvido―: “(…) Quise ser todo cuanto / pudo aliviarte. Estoy contigo. Ya no / soy. No existo. Pero en ti todavía canto / para ti”. Jaque a la reina, que es la muerte. Qué más se puede pedir. Tamargo exprime la potencia creadora del idioma y nos ofrece su néctar desconcertante. Da igual si lees: “(…) donde / el trallazo de dios, ya curva matemática, / ensaya la agrimensura del tiempo” y fantaseas con la aparición del personaje de Kafka en mitad del primer segmento del libro: el maravilloso agrimensor de En la colonia penitenciaria, tan condenado y poca cosa que conduce a la sonrisa, casi a la felicidad. Y da igual porque detenerse de forma exclusiva en las resonancias directas, indirectas, o imaginadas, de Tamargo es caminar un sendero fidedigno, pero incompleto. Hacerlo transforma las migas de pan en trampas que desvían del destino. A las sugerencias de Tamargo debemos añadir el reconocimiento de una labor creadora que parecería surgiera de la nada, si no supiéramos ya demasiado, nunca es demasiado, y si no lo supiéramos, a él, a Jorge, inserto en la tradición. Una de las cosas mejores suyas es que nos hace desaprender, olvidar lo leído, y nos permite zambullirnos en el lenguaje sin otro objeto que el lenguaje. Tarea tan inútil como transcendente, ya que, en el mejor de los casos, somos seres para el placer estético. Pero abandonarse a él requiere de esfuerzo receptor y de materia prima sobre la que efectuar el abandono, siendo esto segundo, obvio, lo más complicado. Bien. Pues Jorge Tamargo es un poeta tan musical, o sea tan poeta, que otorga al lector la posibilidad lujosa de despojarse del entendimiento y de abandonarse a la lectura sensitiva. Acunado o zarandeado por un ritmo que no excluye acordes ni sonido melódico. El ritmo significa. Y la forma que deja el sonido en el espacio, también: “(…) aprendes a nombrarlo casi todo. No lo conoces, / pero lo nombras”. Si un poeta no es visionario no es poeta. Pero si sólo es visión, tampoco es poeta. Son la cultura y el pensamiento la inteligencia que ejerce de contrapeso a la imaginación: así, de lejos, el caballo va desbocado, pero, si la cámara gira y mete zoom, observaremos que las manos de Jorge aprietan las riendas. “Es la imaginación / tu último baluarte, el sexo / de tu inteligencia, el verdadero aguijón / de tu memoria”. Los argumentos del tránsito es un libro lleno de palabra vieja ―la que consuela― y de palabra nueva ―la que invita a la esperanza―. Es un libro nuevo que es viejo; y que se convertirá en antiguo. Todos debemos darle las gracias.




Para escuchar en mi voz un acto de Río, que es uno de los poemas del libro, pulsad el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=1JiCtk1ORPs&fbclid=IwAR3gOOaYuin4wBVbg2kQkNcyMR20lxishyxJQeI-1pHiURFwTAe6WLZg59c


Para escuchar parte de las palabras de José Ramón, pulsad el siguiente enlace:



El libro se puede adquirir en la librearía Oletvm. También en cualquier otra librería. También en Amazon. Yo prefiero que lo compréis por esas vías que reconocen y apoyan el esfuerzo de quienes trabajan profesional y duramente en la distribución de libros. Pero si estáis lejos de Valladolid y encontráis alguna dificultad en estos canales de venta (espero y deseo que no os ocurra), por favor, pulsad el enlace correspondiente entre los que siguen:


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