El paso, el peso y el poso de los días (ya os diré por qué), bien pudo ser el título de este
libro, para mí muy revelador y sorprendente, de Juan Carlos Girauta. Revelación
y sorpresa que se extiende al plano editorial, porque el libro inaugura la
colección Kykeon de la La Emboscadura que, pilotada por Jorge
Escohotado, hasta el momento se había ceñido a la edición y divulgación de la
obra ensayística de su padre (casi nada…), y que ahora se abre a otros autores
y a la creación literaria. Idea de Jorge que el maestro Escohotado habría
aprobado sin cautelas, estoy seguro, siempre que lo que se publique tenga la
calidad adecuada, cosa que Jorge vigilará con diligencia, también estoy seguro.
De Girauta había leído algunos
ensayos y muchas columnas periodísticas (todos de magnífica factura), pero este
compendio de relatos y poemas lo coloca de golpe entre los poetas y narradores
españoles que seguiré con mucho interés a partir de ahora. ¿Sacará tiempo este
hombre, que está en primera fila de la política nacional y europea, para dar
curso a su talento literario? ¿Se apiadará el político del poeta? Y si lo hace,
¿se apiadará también el escéptico del “enamorado del mar”? Ojalá. Ojalá
venga el kykeon (bebida eleusina, órfica) a contrapesar la lucidez demorada,
puramente razonante, registradora de problemas y productora de objetivos, que apuntala
los párpados del político condenándolo al deslumbramiento, y que a la postre lo
ciega, lo frena; con la lucidez-ráfaga alucinada y alucinante, poco afín a la
razón y mucho a la imaginación, registradora de misterios y productora de ganas,
que no depende en exclusiva de la vigilia, que no deslumbra al poeta, sino que
lo convierte en visionario, y desde la oscuridad lo dispara hacia una luz tan
divina como humana, una luz que no será infecunda sombra de la nada, sino fecunda pregonera del Todo. Todo esto lo sabe (acaso lo vislumbra) el poeta
que, en un poema titulado El futuro es un
arma cargada de palabra, escribe: [la palabra
poética] ha venido a burlar la luz que
nos aturde, / a alterar su fulgor penitenciario. / Bebedla o escupidla; cantad
o sed cantados.
Pero dejémonos de deseos y
vayamos al libro: éste, concreto y estupendo, que, pase lo que pase después,
tengo delante y acabo de leer con tanto gusto.
Relatos y poemas. Tres libros me
vinieron de inmediato a la cabeza cuando abrí el de Girauta: La vida nueva, de Dante, Rimas y leyendas, de Bécquer, y Azul, de Darío. El segundo lo leí con
catorce o quince años (asignatura de Literatura en el Preuniversitario), cuando
las muchachas ardían en blancas cataratas
(diría Girauta / rio…). Los otros dos los leí por primera vez, ya por mi
cuenta, cuando tenía veinte, más o menos. Poco tiene que ver el libro que
reseño con los referidos antecedentes en cuanto a sustancia y forma literarias,
pero mucho en cuanto al compendio de poesía y prosa. Y eso es importante, al
menos para mí, porque sin referencias de tanto nivel, podría parecer raro un
libro que aúna dos géneros literarios con diferente aliento, que obliga al
lector a dos registros en teoría muy distintos. En teoría, digo, porque…
LA FORMA:
Los relatos de Girauta están
escritos por un poeta. Sean más o menos pretenciosos en cuanto a la forma,
estén más o menos pendientes de la vanguardia estilística (no hay mucho de esto
último en el libro), todos están cargados de poesía. La carga poética llega a
su colmo en El paseante, más que un
relato corto, un poema en prosa de altísima calidad que, mediante imágenes de
primera línea que podrían envidiar muchos poetas en ejercicio dedicados a la
poesía industrial, enfrenta a un hombre perdido y desganado con la tentación del
suicidio:
la cal es una
muerte condensada que practican los pueblos cenicientos.
el azar desorienta
y aturde los umbrales.
las bocacalles
oyeron sus canciones cuando caía leche de todos los tejados. Las muchachas ardían en blancas
cataratas.
no puede alzar la
copa de su muerte, de la hermosura efímera, saltar al otro lado de la nada.
bajo él [el mundo desmontado por el posible suicida] retrocede la existencia, regresa sin dolor
de madre en madre.
¿Quién da más? Como se dice vulgarmente
en mi tierra, el que pida más no quiere a su madre.
Así que, por encima de las
búsquedas estructurales o de la experimentación con técnicas narrativas (en el
primer relato, por ejemplo, se experimenta con cambios de plano narrativo, con
entradas y salidas a una historia que a la vez se hace película, con la fusión
de realidad y fantasía ¿al estilo de Borges?), por encima de la intensidad
planificada (el libro tiene relatos largos, relatos cortos y microrrelatos), por
encima de las múltiples referencias (Girauta tiene una gran cultura literaria),
por encima, incluso, de la calidad del lenguaje y de la amplitud del
vocabulario (ambas reseñables), está la poesía impregnándolo todo. Esto hace
que la prosa denotativa con frecuencia caiga a la connotativa y alcance un
voltaje cercano al que ofrece, o debería ofrecer el poema. Todo ello sin
afectar la lectura propia de la prosa, donde la expresión debe estar acotada en
los cauces de una comunicación diáfana; más o menos sugerente, más o menos
polivalente, pero diáfana. («¿Por qué?», preguntarían los incondicionales de
Joyce. «Porque sí», contestaría yo, aunque disfrute a Joyce hasta la saciedad durante
un par de meses cada quince o veinte años). En fin, Girauta escribe relatos
cargados de poesía que se siguen y se comprenden con facilidad. Serán mejor
aprovechados en la medida en que el lector tenga más costra (insisto, el
aparato referencial del libro es notable), pero, en cualquier caso, se
comprenderán sin dificultad.
En los poemas tampoco la forma muestra
apetencias vanguardistas. Cosa que, por otro lado, en España es bastante común.
(En lo formal, sólo en Hispanoamérica la poesía en castellano experimenta hoy
en día con fervor). La mayoría de ellos están escritos en verso libre. Versos que
pueden moverse entre el pentasílabo y el versículo. Es al final del libro
cuando el poeta nos sorprende con dos sonetos, uno en castellano y otro en
catalán. Los poemas están bien resueltos desde el punto de vista musical.
Tampoco en este sentido aparecen desafíos que apunten a sobresaltos, venturosos
o no. Ahora bien, en cuanto a la calidad de las imágenes poéticas este libro es
excelente. Y no hablo sólo de imágenes construidas desde el intelecto, que
también las hay, claro, como en todos los libros de poesía desde Homero a
Celan, pasando por Virgilio, Shakespeare, Dante… y hasta por Ovidio o Lezama),
sino también, y en primer lugar, de esas imágenes que el poeta saca de no se
sabe dónde, que son las que de verdad dan la medida de su ser-poeta. Y es aquí
donde Girauta se sale del mapa. Se desmarca de toda esa bazofia que produjo en
su generación la llamada poesía de la
experiencia. Se desmarca también de la llamada poesía del silencio, y de la poesía de la bulla, y de la
antipoesía, y de cualquier otra poesía que no sea… Girauta se afinca en la
tradición, la hace aterrizar en su tiempo histórico y escribe poemas grandes.
Los hay mejores y peores, claro, como en todos los libros de poemas, pero no
hay ninguno en que no aparezcan imágenes de espaldas anchas y alas prodigiosas.
Leed a continuación unos pocos ejemplos:
…es el aire / que
esparce su doctrina por las esferas agrias, / son tenebrosos pájaros de polvo…
…las violetas
mienten la muerte interminable.
¿Querrás volver
intrépida / a cabalgar las tardes / si congelo la savia voraz que te circunda?
Como cuando las
blancas mujercitas / regaron de suicidio las palmeras.
…habitáculo vano
del eco / el aire se ha perdido.
Y en el centro,
terrosa de incógnitas, / la fértil nada.
Que vengan a
vengar su crasa inexistencia / las innúmeras almas / también desde concéntricos
pasados.
¿Quién da más? Como se dice vulgarmente
en mi tierra…
LA SUSTANCIA:
En este sentido no tengo grandes
novedades que contaros. Da lo mismo que hablemos de los relatos o de los poemas
(todos ellos, como ya dije, resueltos en clave poética), Girauta es también,
como casi todos los poetas de nuestro tiempo, un escéptico. (Poetas, digo, no prosistas palabreros o
panfleteros, que a veces cortan en pedazos su prosa para servirla, tercamente
prosaica, fría o caliente, da lo mismo, en el plato de quienes no saben qué es
la poesía, la coman con palillos o con las manos; los propios autores a la
cabeza). Girauta, escriba relatos o poemas, es un escéptico con ramalazos
estoicos, cínicos y epicúreos. Hasta aquí, insisto, sin novedades. Entonces,
¿por qué me interesa su poesía más allá de la forma? ¿Por qué me interesan
estos poemas atendiendo también a su asunto? ¿Porque soy un cotilla, y quiero hurgar
en el motor del autor, paladear su combustible, y por esa vía conocerlo mejor,
no sólo como poeta, sino también como persona? Puede. No lo niego. Sin embargo,
hay algo más. Quizás haya mucho más.
Este conjunto de relatos y poemas
es una suerte de acta, íntima y pública, levantada sobre lo que el poeta llama,
con singular acierto, el paso, el peso y
el poso de los días: sus días. El hecho de que los textos no se hayan
escrito de corrido, sino a lo largo de un tiempo extenso, y de que, aunque
estén escritos a corazón abierto, y por ello surjan de muy adentro, no se
detengan en los términos del más puro yo poético; el hecho de que trasciendan ese
yo para decir o cantar, según el
caso, sus afueras, nos permitirá
medir y pesar en toda su complejidad los
días que ha vivido el poeta. Y aquí, claro, estamos hablando de días que transcurren
entre los sesenta del siglo pasado y hoy mismo. Hablamos de un poeta que nace y
vive en Barcelona, que debe abandonar su ciudad natal por razones ajenas a su
voluntad; de un poeta que salda cuentas con su niñez, con parte de su familia;
de un poeta que ama y desama, que goza y sufre, que se planta en su tiempo con
todas las consecuencias y no lo ve pasar sin más. Si este poeta no es flojo y tiene
buenos argumentos vitales e intelectuales, como es el caso de Girauta, la
lectura de sus relatos y poemas nos llevará más allá de las meras anécdotas personales,
y nos hundirá en el meollo de un trecho temporal compartido en un espacio
determinado, radial, que tiene su centro en Barcelona y su circunferencia en la
Cristiandad.
No desvelaré más detalles sobre
el asunto (los asuntos) del libro. Resumo su sustancia temática de la siguiente
manera: Partiendo siempre de un escepticismo lúcido, que parece comenzar a
quebrarse al final: psicología / nihilismo / puntual rebelión ante la nada en
brazos de la tradición / amor-desamor / arraigo-desarraigo-arraigo / búsqueda
de la identidad / dudas, dudas hasta de la propia poesía / pequeñas salidas
avistadas a través de rendijas luminosas… Sólo comentaré de pasada dos cosas
que me resultaron muy llamativas:
Giratuta siente un amor / desamor
por el mar muy interesante. El mar está presente en su vida y en su obra de
manera dual. Por eso entrecomillé el sintagma enamorado del mar en el segundo párrafo de la reseña. Por un lado, el
mar es necesario, ineludible, omnipresente: aparece en muchos textos, incluso contra
él se recorta la foto del poeta en la solapa de la portada. Por otro lado, el
mar resulta oscuro y desafiante, mucho más mar
en su fondo que en la superficie. Leed estos fragmentos:
El tiempo y los patíbulos / erectos bajo el
mar / fantasean mi cuello anacarado.
Está sediento el ostro de cometas.
Desde sus diminutos cráteres / la arena
vocifera / que ha de venir la noche a levantar el mármol.
El mar es una cripta que revienta / de
almendras y pendientes.
…estelas / nada / sal dirán los besos.
Os debo prevenir de mi palabra, / sirena
hambrienta de carne de marino.
Yo sugeriría al poeta, ahora que
vive en Castilla, contrapesar esta imagen del mar con la del río. A mí me tocó
hacerlo, y ahora soy un hombre enamorado de los ríos. En el poema Loco y cuerdo de amor, Girauta, tal vez
sin darse cuenta, parece dar un primer paso en esa dirección: Enderezas las márgenes del río / Y ponen
rumbo a ti, presas, las naves. Rumbo
y márgenes. Eso falta al mar y sobra al río.
Lo segundo que me resultó
llamativo tiene que ver con el Girauta ateo. Se trata del temblor de su ateísmo
(conformista, pero no tanto) que aparece hacia el final del libro, por ejemplo,
en el poema El fin del mundo, que
comienza con dos versos de un nihilismo lapidario: Habitáculo vano del eco / el aire se ha perdido, y que sin embargo,
un poco más adelante, dice: Nos viene a
salvar el aliento / de desnudas bacantes. Recemos / para que sus pisadas nos
devuelvan el ritmo de las cosas. El poeta pone su esperanza en las bacantes
y reza. ¿A quién? El ateo, encabronado con el fin del mundo, de su mundo, se
revuelve, no contra Dios, sino contra el sol, y nos regala estos versos
impagables: Te fundirás inevitablemente,
/ reyezuelo de granjas y hortalizas. Ufff… Todo esto, junto a lo escrito en
el poema El lugar que existe (El lugar que existe y Los pájaros fatales son para mí los
mejores poemas del libro) me hace vislumbrar ese temblor del que hablaba con
relación al ateísmo del poeta judeocristiano: Cinco jerusalenes caben / en este valle ignoto, / pero una sola tierra
amada y encendida / quiere ser escenario / del pasado que divulgan los olivos
del Huerto. […] el mundo se ha
llenado de señales. ¿El mundo se ha llenado de señales? ¿De qué señales? Y ¿qué
papel juegan en ello los olivos del Huerto? Porque no hablamos aquí del huerto
de Melibea u otro por el estilo. ¿A que no? Al menos yo (permitidme la
licencia) hablo de otro Huerto, del único que cabe en Jerusalén sin caber en el
mundo: Getsemaní.
Relatos y poemas, de Juan Carlos Girauta, es un libro magnífico y está finamente editado por La Emboscadura en todos los sentidos. (Por cierto, qué bonita portada). Con gran gusto os lo recomiendo. Está a la venta en los diferentes canales comerciales con que cuenta la editorial, también en Amazon. Bebed un buen sorbo de kykeon acabadito de preparar. Entradle y ya me diréis.
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RELATOS Y POEMAS | Juan Carlos Girauta | LA EMBOSCADURA | Casa del Libro México

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