viernes, 20 de febrero de 2026

RELATOS Y POEMAS DE JUAN CARLOS GIRAUTA. EL PASO, EL PESO Y EL POSO DE LOS DÍAS

 



El paso, el peso y el poso de los días (ya os diré por qué), bien pudo ser el título de este libro, para mí muy revelador y sorprendente, de Juan Carlos Girauta. Revelación y sorpresa que se extiende al plano editorial, porque el libro inaugura la colección Kykeon de la La Emboscadura que, pilotada por Jorge Escohotado, hasta el momento se había ceñido a la edición y divulgación de la obra ensayística de su padre (casi nada…), y que ahora se abre a otros autores y a la creación literaria. Idea de Jorge que el maestro Escohotado habría aprobado sin cautelas, estoy seguro, siempre que lo que se publique tenga la calidad adecuada, cosa que Jorge vigilará con diligencia, también estoy seguro.     

De Girauta había leído algunos ensayos y muchas columnas periodísticas (todos de magnífica factura), pero este compendio de relatos y poemas lo coloca de golpe entre los poetas y narradores españoles que seguiré con mucho interés a partir de ahora. ¿Sacará tiempo este hombre, que está en primera fila de la política nacional y europea, para dar curso a su talento literario? ¿Se apiadará el político del poeta? Y si lo hace, ¿se apiadará también el escéptico del “enamorado del mar”? Ojalá. Ojalá venga el kykeon (bebida eleusina, órfica) a contrapesar la lucidez demorada, puramente razonante, registradora de problemas y productora de objetivos, que apuntala los párpados del político condenándolo al deslumbramiento, y que a la postre lo ciega, lo frena; con la lucidez-ráfaga alucinada y alucinante, poco afín a la razón y mucho a la imaginación, registradora de misterios y productora de ganas, que no depende en exclusiva de la vigilia, que no deslumbra al poeta, sino que lo convierte en visionario, y desde la oscuridad lo dispara hacia una luz tan divina como humana, una luz que no será infecunda sombra de la nada, sino fecunda pregonera del Todo. Todo esto lo sabe (acaso lo vislumbra) el poeta que, en un poema titulado El futuro es un arma cargada de palabra, escribe: [la palabra poética] ha venido a burlar la luz que nos aturde, / a alterar su fulgor penitenciario. / Bebedla o escupidla; cantad o sed cantados.

Pero dejémonos de deseos y vayamos al libro: éste, concreto y estupendo, que, pase lo que pase después, tengo delante y acabo de leer con tanto gusto.

Relatos y poemas. Tres libros me vinieron de inmediato a la cabeza cuando abrí el de Girauta: La vida nueva, de Dante, Rimas y leyendas, de Bécquer, y Azul, de Darío. El segundo lo leí con catorce o quince años (asignatura de Literatura en el Preuniversitario), cuando las muchachas ardían en blancas cataratas (diría Girauta / rio…). Los otros dos los leí por primera vez, ya por mi cuenta, cuando tenía veinte, más o menos. Poco tiene que ver el libro que reseño con los referidos antecedentes en cuanto a sustancia y forma literarias, pero mucho en cuanto al compendio de poesía y prosa. Y eso es importante, al menos para mí, porque sin referencias de tanto nivel, podría parecer raro un libro que aúna dos géneros literarios con diferente aliento, que obliga al lector a dos registros en teoría muy distintos. En teoría, digo, porque…


LA FORMA:

Los relatos de Girauta están escritos por un poeta. Sean más o menos pretenciosos en cuanto a la forma, estén más o menos pendientes de la vanguardia estilística (no hay mucho de esto último en el libro), todos están cargados de poesía. La carga poética llega a su colmo en El paseante, más que un relato corto, un poema en prosa de altísima calidad que, mediante imágenes de primera línea que podrían envidiar muchos poetas en ejercicio dedicados a la poesía industrial, enfrenta a un hombre perdido y desganado con la tentación del suicidio:

la cal es una muerte condensada que practican los pueblos cenicientos.

el azar desorienta y aturde los umbrales.

las bocacalles oyeron sus canciones cuando caía leche de todos los    tejados. Las muchachas ardían en blancas cataratas.

no puede alzar la copa de su muerte, de la hermosura efímera, saltar al otro lado de la nada.

bajo él [el mundo desmontado por el posible suicida] retrocede la existencia, regresa sin dolor de madre en madre.

¿Quién da más? Como se dice vulgarmente en mi tierra, el que pida más no quiere a su madre.

Así que, por encima de las búsquedas estructurales o de la experimentación con técnicas narrativas (en el primer relato, por ejemplo, se experimenta con cambios de plano narrativo, con entradas y salidas a una historia que a la vez se hace película, con la fusión de realidad y fantasía ¿al estilo de Borges?), por encima de la intensidad planificada (el libro tiene relatos largos, relatos cortos y microrrelatos), por encima de las múltiples referencias (Girauta tiene una gran cultura literaria), por encima, incluso, de la calidad del lenguaje y de la amplitud del vocabulario (ambas reseñables), está la poesía impregnándolo todo. Esto hace que la prosa denotativa con frecuencia caiga a la connotativa y alcance un voltaje cercano al que ofrece, o debería ofrecer el poema. Todo ello sin afectar la lectura propia de la prosa, donde la expresión debe estar acotada en los cauces de una comunicación diáfana; más o menos sugerente, más o menos polivalente, pero diáfana. («¿Por qué?», preguntarían los incondicionales de Joyce. «Porque sí», contestaría yo, aunque disfrute a Joyce hasta la saciedad durante un par de meses cada quince o veinte años). En fin, Girauta escribe relatos cargados de poesía que se siguen y se comprenden con facilidad. Serán mejor aprovechados en la medida en que el lector tenga más costra (insisto, el aparato referencial del libro es notable), pero, en cualquier caso, se comprenderán sin dificultad.        

En los poemas tampoco la forma muestra apetencias vanguardistas. Cosa que, por otro lado, en España es bastante común. (En lo formal, sólo en Hispanoamérica la poesía en castellano experimenta hoy en día con fervor). La mayoría de ellos están escritos en verso libre. Versos que pueden moverse entre el pentasílabo y el versículo. Es al final del libro cuando el poeta nos sorprende con dos sonetos, uno en castellano y otro en catalán. Los poemas están bien resueltos desde el punto de vista musical. Tampoco en este sentido aparecen desafíos que apunten a sobresaltos, venturosos o no. Ahora bien, en cuanto a la calidad de las imágenes poéticas este libro es excelente. Y no hablo sólo de imágenes construidas desde el intelecto, que también las hay, claro, como en todos los libros de poesía desde Homero a Celan, pasando por Virgilio, Shakespeare, Dante… y hasta por Ovidio o Lezama), sino también, y en primer lugar, de esas imágenes que el poeta saca de no se sabe dónde, que son las que de verdad dan la medida de su ser-poeta. Y es aquí donde Girauta se sale del mapa. Se desmarca de toda esa bazofia que produjo en su generación la llamada poesía de la experiencia. Se desmarca también de la llamada poesía del silencio, y de la poesía de la bulla, y de la antipoesía, y de cualquier otra poesía que no sea… Girauta se afinca en la tradición, la hace aterrizar en su tiempo histórico y escribe poemas grandes. Los hay mejores y peores, claro, como en todos los libros de poemas, pero no hay ninguno en que no aparezcan imágenes de espaldas anchas y alas prodigiosas. Leed a continuación unos pocos ejemplos:                

…es el aire / que esparce su doctrina por las esferas agrias, / son tenebrosos pájaros de polvo…

…las violetas mienten la muerte interminable.

¿Querrás volver intrépida / a cabalgar las tardes / si congelo la savia voraz que te circunda?

Como cuando las blancas mujercitas / regaron de suicidio las palmeras.

…habitáculo vano del eco / el aire se ha perdido.

Y en el centro, terrosa de incógnitas, / la fértil nada.

Que vengan a vengar su crasa inexistencia / las innúmeras almas / también desde concéntricos pasados.

¿Quién da más? Como se dice vulgarmente en mi tierra…


LA SUSTANCIA:

En este sentido no tengo grandes novedades que contaros. Da lo mismo que hablemos de los relatos o de los poemas (todos ellos, como ya dije, resueltos en clave poética), Girauta es también, como casi todos los poetas de nuestro tiempo, un escéptico. (Poetas, digo, no prosistas palabreros o panfleteros, que a veces cortan en pedazos su prosa para servirla, tercamente prosaica, fría o caliente, da lo mismo, en el plato de quienes no saben qué es la poesía, la coman con palillos o con las manos; los propios autores a la cabeza). Girauta, escriba relatos o poemas, es un escéptico con ramalazos estoicos, cínicos y epicúreos. Hasta aquí, insisto, sin novedades. Entonces, ¿por qué me interesa su poesía más allá de la forma? ¿Por qué me interesan estos poemas atendiendo también a su asunto? ¿Porque soy un cotilla, y quiero hurgar en el motor del autor, paladear su combustible, y por esa vía conocerlo mejor, no sólo como poeta, sino también como persona? Puede. No lo niego. Sin embargo, hay algo más. Quizás haya mucho más.

Este conjunto de relatos y poemas es una suerte de acta, íntima y pública, levantada sobre lo que el poeta llama, con singular acierto, el paso, el peso y el poso de los días: sus días. El hecho de que los textos no se hayan escrito de corrido, sino a lo largo de un tiempo extenso, y de que, aunque estén escritos a corazón abierto, y por ello surjan de muy adentro, no se detengan en los términos del más puro yo poético; el hecho de que trasciendan ese yo para decir o cantar, según el caso, sus afueras, nos permitirá medir y pesar en toda su complejidad los días que ha vivido el poeta. Y aquí, claro, estamos hablando de días que transcurren entre los sesenta del siglo pasado y hoy mismo. Hablamos de un poeta que nace y vive en Barcelona, que debe abandonar su ciudad natal por razones ajenas a su voluntad; de un poeta que salda cuentas con su niñez, con parte de su familia; de un poeta que ama y desama, que goza y sufre, que se planta en su tiempo con todas las consecuencias y no lo ve pasar sin más. Si este poeta no es flojo y tiene buenos argumentos vitales e intelectuales, como es el caso de Girauta, la lectura de sus relatos y poemas nos llevará más allá de las meras anécdotas personales, y nos hundirá en el meollo de un trecho temporal compartido en un espacio determinado, radial, que tiene su centro en Barcelona y su circunferencia en la Cristiandad.  

No desvelaré más detalles sobre el asunto (los asuntos) del libro. Resumo su sustancia temática de la siguiente manera: Partiendo siempre de un escepticismo lúcido, que parece comenzar a quebrarse al final: psicología / nihilismo / puntual rebelión ante la nada en brazos de la tradición / amor-desamor / arraigo-desarraigo-arraigo / búsqueda de la identidad / dudas, dudas hasta de la propia poesía / pequeñas salidas avistadas a través de rendijas luminosas… Sólo comentaré de pasada dos cosas que me resultaron muy llamativas:

Giratuta siente un amor / desamor por el mar muy interesante. El mar está presente en su vida y en su obra de manera dual. Por eso entrecomillé el sintagma enamorado del mar en el segundo párrafo de la reseña. Por un lado, el mar es necesario, ineludible, omnipresente: aparece en muchos textos, incluso contra él se recorta la foto del poeta en la solapa de la portada. Por otro lado, el mar resulta oscuro y desafiante, mucho más mar en su fondo que en la superficie. Leed estos fragmentos:   

El tiempo y los patíbulos / erectos bajo el mar / fantasean mi cuello anacarado.

Está sediento el ostro de cometas.

Desde sus diminutos cráteres / la arena vocifera / que ha de venir la noche a levantar el mármol.

El mar es una cripta que revienta / de almendras y pendientes.

…estelas / nada / sal dirán los besos.

Os debo prevenir de mi palabra, / sirena hambrienta de carne de marino.

Yo sugeriría al poeta, ahora que vive en Castilla, contrapesar esta imagen del mar con la del río. A mí me tocó hacerlo, y ahora soy un hombre enamorado de los ríos. En el poema Loco y cuerdo de amor, Girauta, tal vez sin darse cuenta, parece dar un primer paso en esa dirección: Enderezas las márgenes del río / Y ponen rumbo a ti, presas, las naves.  Rumbo y márgenes. Eso falta al mar y sobra al río.

Lo segundo que me resultó llamativo tiene que ver con el Girauta ateo. Se trata del temblor de su ateísmo (conformista, pero no tanto) que aparece hacia el final del libro, por ejemplo, en el poema El fin del mundo, que comienza con dos versos de un nihilismo lapidario: Habitáculo vano del eco / el aire se ha perdido, y que sin embargo, un poco más adelante, dice: Nos viene a salvar el aliento / de desnudas bacantes. Recemos / para que sus pisadas nos devuelvan el ritmo de las cosas. El poeta pone su esperanza en las bacantes y reza. ¿A quién? El ateo, encabronado con el fin del mundo, de su mundo, se revuelve, no contra Dios, sino contra el sol, y nos regala estos versos impagables: Te fundirás inevitablemente, / reyezuelo de granjas y hortalizas. Ufff… Todo esto, junto a lo escrito en el poema El lugar que existe (El lugar que existe y Los pájaros fatales son para mí los mejores poemas del libro) me hace vislumbrar ese temblor del que hablaba con relación al ateísmo del poeta judeocristiano: Cinco jerusalenes caben / en este valle ignoto, / pero una sola tierra amada y encendida / quiere ser escenario / del pasado que divulgan los olivos del Huerto. […] el mundo se ha llenado de señales. ¿El mundo se ha llenado de señales? ¿De qué señales? Y ¿qué papel juegan en ello los olivos del Huerto? Porque no hablamos aquí del huerto de Melibea u otro por el estilo. ¿A que no? Al menos yo (permitidme la licencia) hablo de otro Huerto, del único que cabe en Jerusalén sin caber en el mundo: Getsemaní. 

Relatos y poemas, de Juan Carlos Girauta, es un libro magnífico y está finamente editado por La Emboscadura en todos los sentidos. (Por cierto, qué bonita portada). Con gran gusto os lo recomiendo. Está a la venta en los diferentes canales comerciales con que cuenta la editorial, también en Amazon. Bebed un buen sorbo de kykeon acabadito de preparar. Entradle y ya me diréis. 

 

Aquí tenéis el enlace para adquirirlo en La Casa del Libro: 

RELATOS Y POEMAS | Juan Carlos Girauta | LA EMBOSCADURA | Casa del Libro México

 

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