verso

"El mundo no cierra todavía" (Jorge Tamargo)

viernes, 18 de abril de 2014

Manustrita





“Manustrita” reúne una parte significativa del trabajo realizado por May Criado en los últimos años. May, que lleva mucho tiempo vinculada a la cerámica, se  muestra en esta exposición como la gran artista que es: mucho más cercana a la escultura en su sentido más amplio, que a la cerámica en su sentido más estrecho. Para May la cerámica es un medio, un lenguaje que conoce en profundidad y que trasciende continuamente en pos de su afán último: la poética de la materia y su vacío cuando, en constante y equilibrada tensión, ocurren de forma inédita, por obra y gracia del arte, en un espacio perfectamente definido durante un tiempo perfectamente indefinido. May es una artista, sabe tanto de quimeras como de herramientas, pero sobre todo sabe que las segundas no tienen sentido si no es para hacer más grandes, tentadoras y amables a las primeras. Entonces ¿estamos ante la obra de una ceramista? Yo creo que no, y lo digo desde un enorme cariño por la cerámica. May, que la conoce como pocos, que la ama como pocos, está sobradamente autorizada para ponerla sin complejos al servicio de un discurso que es mucho más intelectual que artesanal, aunque aparentemente  (en el arte, por suerte, todo es apariencia) la cosa vaya de manos... “Manustrita” (no puede ser de otra forma ya que May expone, después de muchos años sin hacerlo, en su Bierzo natal) es una muestra ambiciosa, un tanto ecléctica si atendemos a la cantidad de caminos que nos ofrece, pero es por ello mismo una excelente oportunidad para acercarnos a la obra de esta artista en su complejidad. 

Aquí May nos deja ver cuáles han sido las variantes que ha manejado en términos de técnica y materiales durante los últimos años, y cuáles han sido/ son/ serán las invariantes conceptuales que animan su trabajo. Barro, porcelana, madera, acero, metacrilato, esparto, tinta, impresión digital; todo ello usado con sabiduría y coherencia en busca de una verdad que, afortunadamente para May y para todos, nunca encontrará más que en el cansancio y las dudas inherentes al arte... 

Pero ¿qué busca May, cómo quiere mediar entre la realidad y nosotros, qué pretende dejarnos en ese oasis efímero del que tendrá que partir siempre y al que llegaremos sedientos y agradecidos para verlo arder una vez más?  May “cultiva la realidad” de una manera muy personal. Sustrae de su aparente caos, de su compleja organicidad, elementos esenciales para someterlos a un destino culto que para ella se sustancia en el rigor geométrico. Cabezas que habitan nichos en columnas, rostros que emergen de cubos, que irritan impotentes pero relajados sus lados y aristas, manos que no pueden escapar al espacio que contienen y en el que son a la vez contenidas, manos que obedecen al perímetro de un círculo, que circunscriben su complejo discurso al riguroso ámbito de ese círculo. Manos y rostros, principales terminales expresivas del hombre, sometidos a la geometría como vehículo de la razón... La geometría que acota, dimensiona y mide la porción de realidad que se nos da, pero que también la enfrenta a un universo de inéditas tensiones donde se retrae o se esponja según lo queramos ver en cada momento, según sean nuestro estado de ánimo y nuestra curiosidad por seguir el episodio. 

No interesa el todo (¿caótico, incomprensible?) del que fueron sustraídos esos fragmentos de realidad. Interesa cómo pueden asimilarse a un todo aún mayor: la realidad proyectada por nuestra mente al infinito, la realidad cultivada, traducida para nosotros. La realidad que más importa: la única que no es real, la que nos hace hombres para bien y para mal... Pero a May también le interesan especialmente la ausencia y el vacío. La ausencia de aquellos segmentos de realidad de los que somos deliberadamente apartados por ella y la ausencia de la materia que tan acertadamente integra en la luz y en los volúmenes de aire. May somete a la geometría tanto lo tangible como lo intangible. 

Quiero llamar la atención en este sentido, por poner sólo un ejemplo, sobre las mesas de cerámica y madera que se muestran en la exposición. Prismas de base cuadrada en virtud del aire que moldean, en los que las ausencias de las que hablaba son esenciales. Ausencia de materia grave para que tanto el aire (que, ya dijo el poeta, es la sustancia que atraviesan los pájaros) como la luz que lo inflama puedan hablar su etéreo idioma. Ausencia de los contenidos que debían validar las piezas para el uso. Ausencias, en fin, que son la vía más efectiva para dotar de sentido a las presencias. 

Claro, la manipulación de esos pares dialécticos: orgánico – racional/ natural – geométrico/ ausencia – presencia/ vacío – materia; genera una tensión enorme. May es el árbitro de esa tensión. La mide y la pesa para nosotros. Sacia nuestra sed, aunque sólo por momentos. No estaremos ni vivos ni receptivos si no tenemos sed. May lo sabe y dosifica con pericia esa tensión para que nos desconcierte e inquiete justo antes de calmarnos y colmarnos. Todo ello debe ocurrir una y otra vez en fructíferos y sucesivos instantes si es que estamos ante la obra de un artista. Y en este caso, amigos, no hay dudas: May nos ha puesto el mantel para un atracón de arte. Pasemos y comamos... Sintamos.


    Texto escrito para el catalógo de la exposición
    "Manustrita" (Obra escultórica de May Criado)
    Centro Cultural Caja España. Ponferadda, 2008



    Enlace para la página de May Criado y Suso Machón
 

4 comentarios:

  1. Gracias a ti, May, por tu arte y tu amistad. Que no te fatigues, y que podamos dar fe de ello. Besos...

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  2. La obra de May no hace falta que me la recuerden, la tengo aquí, y está ahí al lado, en su taller. Y no puedo decir más de lo que tú has dicho, Jorge.
    Pero si me gustaría añadir algo sobre el material.
    Cuando yo era joven existía esa especie de rechazo hacia la cerámica como arte, a pesar de que genios como Miró y Picasso la habían utilizado. Yo siempre pensé que cualquier material valía, que no era el material lo que hacía que algo fuera arte o no. Ahora yo creo que ya está asumido cualquier tipo de material. Y paradójicamente, según las modas, van siendo excluidos unos u otros. Es decir, que se sigue llamando arte a lo que sea en función del material que esté en boga. A ti y a mi y a otros no nos convencen, pero incluso los estudiantes de Bellas Artes salen, dependiendo del profesor que admiraron, con una idea clara de lo que es o no arte en función del material, del estilo, etc. En lugar de aprender a ser inteligentes, con capacidad para comprender, con capacidad de hacer su camino, aprenden a seguir un camino ya marcado. Ya sé que todo se puede parecer a otras cosas ya hechas (y de hecho todo se parece a cosas ya hechas, a poco que quieras pensar en ello), pero la diferencia está, según mi opinión, entre los que permiten que salga lo que llevan dentro y los que ya saben lo que hay que hacer.
    En fin, que los que no conozcan la obra de May se acerquen a ella.
    Y gracias Jorge, por tu comentario que leí en su momento y me ha gustado mucho leer de nuevo.

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  3. Gracias a ti, amigo. Totalmente de acuerdo contigo. Esta semana mi blog se acercará modestamente a parte de tu obra. Abrazos

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